Los medios de comunicación nos vinculan a la realidad. Es decir, permanentemente nos hacen participe directa o indirectamente de acontecimientos que suceden a nuestras espaldas. A diario estamos expuestos a ella. Reflexionemos por un instante ¿Somos acaso los periodistas quienes la fabricamos? Cuando vamos en busca de la futura “noticia”, atrapamos, por un instante, una porción del suceso, y a la cual, al llevarla al papel, aplicamos nuestras propias concepciones (interpretaciones) desde la íntima perspectiva de cómo nosotros configuramos el mundo. Retomando: el suceso, nos vinculará, en un futuro-presente a actores principales y secundarios, de lo que comenzamos a denominar noticia. Un acontecimiento, hecho o suceso, puesto en un papel (digital o televisivo) de circulación nacional o internacional, ya trasformado en noticia, nos interconecta en un nuevo sub-conjunto denominado, “realidad común”. Es aquí, donde nuestra labor comienza a generar estados ficticios de lo que percibimos de un acontecimiento y que, durante nuestras acciones cotidianas, nos conectan a la realidad creada por los medios y, asimismo, a la elaborada por nuestras interpretaciones al interactuar con otros. Dicha “operación psicológica”, nos mantiene ligado a un constante capricho, por parte de “terceros”, a ser manipulados. En consecuencia, sería vulgar y de mal gusto denominar a los medios como el principal agente de construcción de la realidad. Estamos en manos de terceros. Sin embargo, los medios son un catalizador e instrumento que, obviamente, juegan un rol importante. Por lo tanto, hemos decidido intervenir la realidad para lograr apañar, aunque sutilmente, la manipulación y el capricho de terceros de lo que llaman “realidad”. Somos, en consecuencia, una realidad paralela y ficticia que no teme de terceros.
Somos una noticia escondida en la realidad.

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